El problema
En 2014, todas las concesionarias chilenas competían con el mismo discurso: precio, bono, plan de financiamiento. AutoPlaza — la cadena más grande del país, con más de 56 marcas en formato mall — quería romper esa monotonía. La agencia Cabeza, que llevaba la cuenta, llegó con un brief poco habitual para el rubro: dejar de gritar ofertas y hacer que la gente jugara con AutoPlaza. Que el contacto con la marca se midiera en semanas, no en clics. Una activación que sostuviera atención real, no un banner más rebotando en portales de noticias.
Lo que hicimos
La idea fue una vuelta de tuerca al Tamagotchi. Entrabas al minisitio, elegías uno de los 8 autos 0 km que AutoPlaza tenía en juego y, desde ese momento, ese auto era tuyo. Le ponías nombre. Lo alimentabas. Lo lavabas. Lo mimabas todos los días. Cada acción te subía puntos en el ranking; compartir cualquier interacción en Facebook o Twitter sumaba puntos extra y arrastraba a tus amigos a la mecánica. Mientras más constante eras con tu mascota motorizada, más opciones tenías de llevarte el auto de verdad al final del concurso. Construimos todo en Laravel: backend para sostener cada adopción, sistema de puntaje en tiempo real e integración con las APIs sociales de la época.
El resultado
La prensa automotriz chilena la cubrió como el primer concurso nacional de su tipo. Corrió durante semanas, sostuvo conversación en Facebook y Twitter — algo poco habitual para el rubro automotriz en esa época — y terminó con los 8 autos 0 km entregados de verdad a sus 8 ganadores. Cabeza la sumó a su portfolio como una de las activaciones digitales destacadas de la cuenta AutoPlaza, y la marca la presentó internamente como su campaña más grande hasta ese momento.


